Por Jorge Eduardo - México
Calita se salva individualmente frente a los Partidos de Resina, pero el ambiente taurino mexicano se cuece a fuego lento.
Mientras veía la faena de muleta del mexiquense al quinto de la tarde, no pude evitar hacer memoria de todas aquellas faenas que he visto perder el rumbo entre molinetes dados a tirones, previo gesto a la banda de música pidiendo “la de aquí”. Gritotes al tendido, zapatillazos, rodillazos y demás parafernalia. La de orejas que he visto desfilar frente a mi luego de tener que soportar otra dotación de la misma metodología bullanguera. En el peor de los casos, hasta indultos.
Ni qué decir, por supuesto, del ganado con el que se consuman tales hazañas.
No queda tampoco hacer una oda a los Partidos de Resina lidiados en Madrid. Ni siquiera al protagonista de este texto, Alborotador, que no era un dechado de nada más que de trapío y volúmen. Por el lado derecho hizo unos extraños tremendos en los primeros tercios, complicando especialmente la labor de los banderilleros, entre los que destacó Juan Sierra, tal como el paisano Jorge Delijorge con el segundo de la tarde. Cuando el Calita tomó la muleta, el toro no protestó por los doblones y quedó fijo, listo para la lidia.
En adelante, Alborotador no se caracterizó por su transmisión, ni por su clase, humillación o docilidad. Sin embargo, embestía, repetía, volvía a la muleta, exigía mando y quietud para que una posible faena llegara a más. Para cuando el toro mostró mejores condiciones por el lado izquierdo, los elementos mencionados ya brillaban por su ausencia. La faena, pues, nunca llegó.
No se trata de hacer vidrio molido del Calita, quien puede alzar la frente por su valor, su voluntad y su disposición. Lo que sí es que Ernesto fue el líder del escalafón cuatro años consecutivos, nadie ha toreado más que él en lo que va de esta década en México. Muchas veces lo hemos visto bien, otras no tan bien y otras, simple y sencillamente repitiendo la metodología del orejómetro. Las fotos de salidas a hombros en lugares recónditos han aparecido en los pocos medios a los que todavía les interesan los toros. Sin embargo, a la hora de estar de frente con el toro hecho y derecho y ante un público al que no le van los molinetes pachangueros, el reto sigue pareciendo demasiado grande.
Insisto, y solicito que, por favor, amigo lector, haga caso de mi insistencia. El esfuerzo individual de Ernesto Tapia tiene todo el mérito del mundo y no se le puede quitar un peso de importancia. Pero todos aquellos interesados en una fiesta comodita, en la que se pueda andar en maestrito, cuenteando a cuanto pueblo haya por aquí y por allá, lidiando chiquito, descastadito y despuntadito, pidiendo orejas desde el ruedo y callejón, pachangueando con la musiquita, la monterita boca arriba o boca abajo, es enemigo abierto de las aspiraciones de nuestros toreros y de la fiesta brava en general…
…Porque cada vez se nota más para lo que sirve torear mucho en México…
Antes de cerrar el texto, voy a hacer un homenaje a nuestro colega Francisco Tijerina, recientemente fallecido. Protagonista con su web Burladerodosde otra época de la fiesta brava en internet, una mejor, junto con portales como esta casa. Antes de los algoritmos y demás atrocidades. Que descanse en paz.
Entrada en #LaSuerteSuprema: https://lasuertesuprema.art.blog/2026/05/13/mexicanos-en-madrid-una-cuestion-de-nivel-de-exigencia/
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