Por Jorge Eduardo - México
…y con él se levantan los ánimos, pues continúa la esperanza de que el hilo del toreo no se haya agotado aún en México.
Lo ha confirmado en sus recientes comparecencias. Por un lado, San Agustín del Guadalix el 28 de marzo, en el marco de la copa Chenel. Han dado vuelta a las redes taurinas las verónicas por ramillete que cuajó al segundo de su lote de Moreno Pérez-Tabernero, ya a media luz, y que estremecieron al tendido y a los narradores de la televisión. Desafortunadamente, la res debió ser sustituida y el sobrero no ofreció las mismas posibilidades.
Igual su actuación le valió un gran respaldo de la afición, que muy probablemente no sea suficiente para que pase a la siguiente ronda. Ni modo, pesa mucho el orejómetro y seguramente se antepondrá la “clasificación” a la confrontación con el triunfador Mario Navas, que ya se antoja cual buen guiso. Ya habrá cuándo y dónde, si es que queda por ahí algún empresario con inteligencia.
Una semana después, tuvimos la ocasión de comprobar el momento de Héctor Gutiérrez de primera mano. Fue en la cuarta corrida de la Feria del Caballo de Texcoco 2026, en el albero de la plaza Silverio Pérez, que vio la mitad de su aforo cubierto, aproximadamente. En los dos festejos a los que he asistido, el hidrocálido ha sido el único elemento disruptor, el que ha sacudido la desesperante monotonía que se puede contemplar en cualquier serial taurino de nuestro país, incluído Texcoco.
Para cuando el tercero del encierro de San Pablo saltó a la arena se estaba echando en falta un toro serio y un torero dispuesto a hacer el toreo verdad. Aunque algo juvenil, el serio cornivuelto mostraba las palas de los pitones y daba visos de bravura y nervio, de que no regalaría las embestidas y que, aunque sin comerse a nadie, iba a pedir papeles para hacerle las cosas.
Pues ahí estuvo Héctor, sin probaturas. Su muleta, su entrega y su oficio fueron el cimiento de una actuación de verdadera emoción, en la que quizás un poco atrabancado, pero sintiendo y haciendo sentir. La firmeza en la colocación, los toques, la exposición, la verdad y el toma y daca a buena lid fueron el cimiento de una pieza torera que metió a la afición de lleno en favor del aguascalentense. Revivió hasta el grito de “torero, torero” que ya poco se escucha, sepultado por peticiones mecánicas e irritantes de que las bandas se pongan a tocar durante las faenas.
Lo mejor vino cuando Héctor halló los terrenos del toro, un poquito más adentro que las rayas del tercio frente al burladero de recibir. Ahí pudo ligar algunas tandas de derechazos que llevaron al respetable a la entrega absoluta. Todo en esta faena fue tan intensa que el propio torero, quizás un tanto confiado, tuvo un achuchón que se sintió como una temeridad. No como una torpeza ni como un descuido, sino como un gaje del oficio. Tal como debería ser siempre, pues.
Para abrochar su actuación, unas manoletinas modélicas, elegantes, estóicas vaciando por alto con el toro metido en la muleta. Luego de media estocada en buena colocación se le otorgó una oreja de peso, una como para reconciliar a todo mundo: a la torería, al toro, a la plaza de Texcoco, a la afición, a la autoridad y a la malherida fiesta brava. Ahí quedó eso, aunque fuera por un rato, se sintió el cante.
Si el gozo de la emoción de la fiesta de toros fue un placentero espejismo, la solidez de Gutiérrez no lo es. El quinto era un toro mucho más escaso de presencia, nobletón y con más repetición que recorrido, al que el aguascalentense citó en los medios con una quietud pasmosa para ligar otro ramillete verónicas de alto quilataje. Lo que hubiera sido la última de no haberse caído el toro… mejor dicho, lo que sería la fiesta brava si no se cayeran los toros…

Elegante trincherilla de Héctor Gutiérrez al quinto
Con la muleta Héctor estuvo porfiado y mandón, empeñoso y paciente, hasta que la faena llegó a su clímax en tandas alternadas por ambos lados y alguna trincherilla sobresaliente. Sin despertar el entusiasmo de la otra faena, Gutiérrez reafirmó su importante actuación. Terminó con embarulladas bernadinas y un pinchazo hondo que tardó en hacer efectos. Igual la gente pidió la oreja, quizás en la rayita, pero se concedió.
La de Héctor fue una actuación emocionante, redonda, cuajada, a la altura de alguien capaz de cargar con la temporada y de abrirse espacios cruzando el charco…
…Mientras tanto, sus compañeros…
En el mismo festejo, el público texcocano, que se había emocionado con Gutiérrez y el tercer toro, ya no volvió a bajar el listón. Octavio García “El Payo” dejó la miel en los labios con sus detalles preciosistas una vez más, antes de arrebatarla con su característica indefinición. Si agregamos que el queretano ya es un veterano cuya actitud refleja más experiencia que hambre, el otrora tauromágico puede ser pesado de ver y hasta dejar una sensación más cercana a la de una tarde poco prolija de Enrique Ponce, que a la de la maestría del protagonista de una era del toreo en México.
Tomó la alternativa Eduardo Neyra con el abreplaza bautizado Poca Pena, en un gesto de gusto cuestionable. Neyra despachó al primer toro de su carrera entre dudas y precauciones. Con el cierraplaza, una res con dificultades pero con opciones, el duranguense estuvo decoroso hasta que su trasteo perdió el rumbo entre intentos de muletazos en redondo y otros aspavientos.
En el festejo anterior, el 28 de marzo, una corrida terciada e indefinida de juego de Vistahermosa pasó más bien sin pena ni gloria por las manos de El Calita, Arturo Gilio y Bruno Aloi. El primer espada fue quien pudo hacerle más fiestas a su lote, con los mejores pasajes por el lado izquierdo. El coahuilense se acomodó a ratos por el lado derecho con ambos astados, mientras que Aloi tuvo una tarde cuesta arriba. Este confirmará en Madrid el 28 de mayo en la feria de San Isidro.
Así pues, en Héctor Gutiérrez hay un gallo, un serio contendiente para mantener el hilo del toreo mexicano en grandes alturas. Sin duda el de Aguascalientes es el que está en mejor momento taurino, pero no hay que pasar por alto a los otros contendientes: Diego San Román de Querétaro e Isaac Fonseca de Michoacán que pasan por algún altibajo, pero que hemos visto de lo que son capaces. En Tlaxcala, casi sin torear, está José Mari Macías. El propio Gilio está en ciernes, al igual que Aloi, quien tiene todo para superar el bache habitual que sigue a la alternativa…
…Ah, y el próximo sábado, el último festejo de la Feria del Caballo. Juan Pablo Sánchez, Sergio Flores e Isaac Fonseca con seis de El Batán… Allá nos vemos, con la esperanza de que se repita la receta secreta de reunir en el ruedo a un toro y un torero…
Galería de fotos en #LaSuerteSuprema: https://lasuertesuprema.art.blog/2026/04/08/con-hector-gutierrez-se-siente-el-cante/
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