Por Jean-Charles Olvera - Francia
Estos días fueron presentados los carteles de las ferias de la nueva temporada de las más grandes plazas de toros de España y Francia, Madrid y Nimes.
Y qué curiosidad. Los carteles tienen dos particularidades: ser minimalistas, con pocos colores y una sola figura cada quien, pero representando en sí lo contrario de lo que interesa al núcleo más representativo de su propia afición. En el cartel de Madrid, el único protagonista es el torero peruano Roca Rey, presentado por la empresa como “máxima figura del toreo”, algo dudoso si analizamos la última temporada y la doble consagración de Morante en Madrid mismo, dejando en un olvido más que momentáneo, al rey Roca.
La presencia única del diestro peruano se justificaría según Plaza 1 por su “liderazgo generacional” y su compromiso con la juventud. Un análisis muy personal, criticable, pues las plazas de provincias que llena, algo indudable, no lo son únicamente por esa juventud. Y los llenos de estas últimas temporadas en Las Ventas, pues de esa plaza se trata en el presente cartel analizado, fueron con, pero también sin este torero que cuando ahí triunfa, es casi siempre con cierta división.
Paradójicamente, Las Ventas no es una plaza que se identifica por un apego ciego a cualquier torero sino más bien por el toro que ahí sale (el fondo es otro problema), con presentaciones espectaculares en gran parte exigida por el sector más fiel de su afición, que también es el más exigente del mundo. Todos los aficionados foráneos que conozco y que pisan ocasionalmente los tendidos de Las Ventas salen impactados por la belleza de sus toros. Madrid como culto del Toro en su máxima expresión.
Lo extraño por lo tanto es esa sintomática y repetitiva ausencia de la imagen misma del toro en los últimos carteles isidriles. Aparece, eso sí, en carteles de preferias o en el ciclo torista de septiembre. Pero en San Isidro, el animal rey es ocultado, sea por la obra digital con rostros de toreros al cielo de la plaza, con Roca Rey, otra vez, y El Juli al medio (2023), por la ‘cayetana’ (Rivera, 2024) y la ‘influencer’ aristócrata (Victoria Federica, 2025) o por el actual torero, sexualizado con su chaquetilla abierta.
Un cartel 2026 que hubiéramos visto más bien visto estos días en la torerista plaza francesa de Nimes, pero que aquí también mostró todo su contrario.
Así es que el pasado lunes 9, la empresa Casas&Co presentó el cartel de la nueva temporada nimeña, obra libre de Rudy Ricciotti, gran arquitecto marsellés y aficionado. Y para sorpresa de muchos, el cartel salió depurado, con apenas dos colores y el único dibujo de un toro negro con sus dos pitones astifinos. El autor se justificó reivindicando la “dimensión dramática de la tauromaquia”, su propio enfoque metafísico y la seriedad que tiene que imponer la figura del toro. Una visión que saludamos y que encajaría en Las Ventas y en otras plazas francesas pero que nos parece lejos de lo que se vive en el anfiteatro de Nimes y de lo que sale mayoritariamente de sus chiqueros, con toros mínimamente presentados, súbditos de esas “maximas figuras del toreo” y de su mundillo que vive del cuento.

Así las cosas. El cartel venteño de Roca Rey fotografiado por Valero Rioja hubiera encajado muy bien en Nimes y el toro negro nimeño de Rudy Ricciotti hubiera perfectamente representado Las Ventas y Madrid. Pero curiosamente cada plaza escogió todo su contrario. El mundo al revés.
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