Por Jean-Charles Olvera - Francia
La corrida de clausura de feria y de la temporada bayonesa, estuvo marcada por la lluvia como protagonista principal, lo que condicionó al benévolo público, que le perdonó todo a la terna.
Llovió temprano en Bayona, desde el final de la novillada sin caballos matutina y siguió lloviendo a más no poder hasta media hora antes del paseíllo de la corrida de la tarde. La empresa comunicó entonces que seguía con la corrida y así se dio el paseíllo unos minutos después de la hora prevista a las 17:30h. Pero como siguió cayendo el txirimiri típico de esta zona vasca, el tercer torero, el francés Juan Leal, acertó pidiendo antes de la salida de su toro de Buenavista, que los areneros cubran la pista con arena y aserrín de sustitución. Lo que hicieron muy bien, pero durante casi media hora, lo que alargó el festejo que duró tres largas horas. Estos areneros se llevaron la ovación de la tarde. Y Juan Leal tuvo la buena idea, demagógica para unos, sensible para otros, de brindarles el tercer toro que esperaba en chiqueros.

La ovación de la tarde para los areneros a los que Juan Leal brindó el 3º
Así, Leal puso de su lado al público fácil que cubría dos tercios de plaza. Nos gratificó con su lidia y concepto actual, iniciando con distancia, de lejos, dando ventajas al toro para acabar su lidia por cercanías. Lo mismo hizo con el 6º, negro burraco, de otro calibre, más difícil. Juan Leal tiene esa capacidad de conectar con los tendidos, caldeados por su coraje, que le permite el lujo de no matar de primera (entera desprendida tras metisaca al 3º y entera ladeada tras pinchazo al 6º) y poder aun así cortar una oreja en cada toro, saliendo a hombros con alguna división de este benévolo público.
Antonio Ferrera tuvo el mejor toro del lote serio de Buenavista, el que abría plaza. Tuvo méritos parando sus embestidas en una de sus faenas originales. Resultó herido con cornada interna al matar de entera trasera tras dos pinchazos y aviso, cortando aun así un cartílago, recompensa de un público emotivo. Se fue directo a la enfermería, de la que salió en pantalón de mezclilla al 4º de la tarde atravesando el ruedo con cierta teatralidad. Se le veía mermado de fuerzas y cojeando, no apto para la lidia. Hizo una faena fuera de cacho de la cual solo tres derechazos finales destacaron. Se fue nuevamente a la enfermería, sin regresar esta vez.
Manuel Escribano estuvo bien en su tercio de banderillas al 5º, mejor que en otras corridas de esta temporada. Cortó una única oreja al 2º de la tarde tras faena irregular, algo perfilada, y dio una vuelta al 5º tras faena larga con un toro que se defendía. Dio una vuelta muy festejada tras entera trasera caída. Fue jefe de lidia atento cuando Ferrera pasó a la enfermería.
Los toros de Buenavista (encaste Juan Pedro Domecq), bien presentados, dieron un juego interesante los tres primeros, y fueron más complicados los tres últimos. El cartel de toreros también fue acertado, coincidiendo con el gusto de este público ocasional y festivo, por este tipo de toreros bullidores. Si hubiesen matado bien, hablaríamos de corrida triunfal…
Ese público, que tuvo en gran parte que refugiarse en los tendidos altos cubiertos por la llovizna, se solidarizó toda la tarde con sus matadores por eso de torear en esas condiciones, y les perdonó la falta de colocación, las espadas caídas, aplaudidas, muchos penosos ‘olés’, los únicos, surgidos del callejón y peticiones a gritos de subalternos (Marco Leal entre otros) increpando al palco para obtener más orejas para su torero, de mismo apellido. En ese ambiente, la presidencia olvidó sonar un par de avisos y entregó orejas con peticiones minoritarias. La inclemencia del tiempo no es una razón para ser demasiado clementes y dejar de lado pésimas actitudes. El toreo no solo es juerga para unos, también es rito que cuidar para otros.
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