Estamos en la última semana de corridas en San Isidro y nos queda algún plato fuerte.
Tras de la corrida de Escolar, habrá que esperar al sábado para ver la de Adolfo Martín. Entre medias tenemos encaste Domecq, Lagunajanda hoy, Jandilla mañana, Conde Mayalde el viernes y, para cerrar el domingo la original, la de Juan Pedro. Y así se acabará el ciclo continuado. Las emociones de ayer las pudimos ver, hoy tocaba otra cosa.
Una terna de cierta altura, con Manuel Escribano, especialista en el encaste Albaserrada, a quienes se enfrentará el sábado, Joselito Adame la figura mexicana y la confirmación de Alejandro Peñaranda. Y sucedió que…
Como se esperaba, tras de ver el toro en plenitud de ayer, hoy salieron los de la factoría, llenos de nada, aunque por fuera parezcan de dulce. Nobles, sí, que van y vienen, también… pero si delante no tienen la gran suerte de encontrar un torero todo magia, un artista de los que imprimen todo aquello que son capaces de improvisar, de imaginación, todo se vuelve insulso, sin gracia. Lo que hoy ha sucedido es exactamente eso.
Los diestros respetados como Escribano y Adame no están en ese escalón del arte y de la magia y milagros escénicos no saben hacer. Derrochan voluntad, valor, técnica y capacidad, pero ante otros toros sí pueden llegar sus actuaciones al tendido, pero con los toros de hoy no dicen nada. Se queda todo en una fría superficialidad, por muy académica que sea.

Alejandro Peñaranda se dobla con guapeza con el último de la tarde
Curiosamente, quien ha aportado un poco de hondura y cierta enjundia al torear, ha sido el toricantano Alejandro Peñaranda, quien, en el último de la tarde, el más encastadito, ha podido recetar buenas series, principalmente con la diestra. No era para oreja por mucho que la pidieran los muchos seguidores que se han llegado hasta Madrid, pero ha dado una vuelta al ruedo que es un premio importante para quien ha resuelto la papeleta con solvencia y hasta con calidad en muchos pasajes.
Decíamos que no cuela esta fiesta, moderna y simplona, si además los asistentes a la plaza son en su mayoría los aficionados más asiduos, quienes ayer -los mismos- valoraron lo hecho por Gómez del Pilar ante un toro con todo lo que hay que tener, al no estar las figuras quedan vacíos los lugares que suelen ocupar los que vienen a verlos solo a ellos.
Esos cuatro mil ansiosos de orejas y salidas en hombros suelen desequilibrar la exigencia que debe presidir los festejos con seriedad: Toro íntegro y Toreo auténtico. Es curioso cómo a menos toro, encima se ejecuta el destoreo más ramplón y ventajista.
Quizá algunos entiendan dónde reside la verdad de la Fiesta estableciendo las diferencias y sus matices entre unos y otros días.
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