Una tarde más de ilusiones, y no solo para los novilleros actuantes, también para los aficionados de verdad.
Podíamos apuntar a unos cuantos más, a todos esos que acuden por primera vez u ocasionalmente cuando les regalan las entradas los abonados que solo van a las corridas, cuando no solamente a ver a las figuras. A esos también les hace ilusión ir.
Todos ilusionados para ver la novillada del Conde de Mayalde y los jóvenes novilleros. Las esperanzas en todo lo alto… ¿el resultado? Se lo contamos.
Novillos facilones del Conde de Mayalde, algunos de dulce, y cuando salió el segundo, de nobilísima embestida y máxima repetición nos las prometíamos felices, pero… resultó que el novillero, de nombre El Mene, se mostró perfilero y abusó de cuantas ventajas eran innecesarias, se olvidó del ajuste y se fueron apagando las vibraciones del primer tercio para convertirse, casi, en un cortejo fúnebre. Triste el torero y más triste la gente, él ni siquiera llegó a saber la oportunidad que se le estaba marchando en Las Ventas.
En el quinto, con el que se conformó el mejor lote, volvió a un toreo frío dando más importancia a la compostura que a empujar en la dirección adecuada. Salió perseguido y volteado y tras matar de un espadazo contrario se le pidió la oreja que el palco no consideró. Luego terminó, tras varios intentos, por dar una vuelta al ruedo muy protestada. No sabemos cuál será el futuro de este aragonés, pero hoy pudo haberse consagrado en Madrid y se conformó con dar un paso adelante solo para dar la vuelta al ruedo. Se acordará de este día, no le van a salir lotes como el de hoy.
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Durante el paseíllo estaba en alto la ilusión con la tarde
Sus compañeros, Fabio Jiménez y Tomás Bastos, no tuvieron tanta suerte en sus novillos, aunque tampoco les presentaron problemas insalvables. Labores si acaso dignas, pero sin la pasión encendida que ha de desarrollar un novillero que tanto se juega en San Isidro. Los silencios a sus actuaciones no deben dejar de ser un tomar buena nota para lo sucesivo.
Quien más quien menos echó en falta al otro aragonés, Aaron Palacio, que enarboló la bandera de un novillero con ganas y capacidad el pasado martes. Hoy la tarde terminó pronto, aunque visiblemente decepcionados los aficionados y no, precisamente, por el ganado.
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