Por Jorge Eduardo - México
Las corridas de aniversario de la Plaza México, en las que triunfaron Miguel Aguilar y Roca Rey, delatan el ruinoso estado de una fiesta de artificio. Solo en la novillada del viernes hubo toros.
El Patrón es un apelativo que se usa con frecuencia en el ambiente taurino. Si en una charla taurina le refieren al patrón, sabe usted automáticamente de quién le están hablando. No obstante, el patrón no es una entidad unipersonal e inamovible, sino que sufre transformaciones. Hasta hace unos días, los hilos del toreo los movían Juan Pablo Bailleres y sus lugartenientes en turno, afianzados por la autoridad moral de don Alberto Bailleres, quien era en última instancia el patrón. Con el fallecimiento del patriarca, nace la incertidumbre sobre qué, quién y cómo será de aquí en adelante el patrón. Enviamos nuestras condolencias a sus familiares y allegados.
Las corridas de aniversario mostraron diáfanamente la situación de la fiesta de toros en México. En otra época, achacábamos la culpa a los españoles: venían Juli, Ponce, Pablo Hermoso, Castella o el que usted guste, y entonces el espectáculo desmerecía. Hoy basta con que se anuncie una corrida de toros para saber que el espectáculo será peor en comparación con el que se anuncie como novillada. Simplemente, cuantas corridas se han ofrecido en la Plaza México y otras durante este otoño e invierno han sido petardos, salvo alguna matutina de Texcoco y la de Fábrica María.
Como si fuera competencia por el cuestionable honor de echar el peor encierro de la temporada, los Bailleres no se quisieron quedar atrás del otro empresario el embudo de Mixcoac y su pésimo encierro del sábado anterior, y presentaron una lamentable mansada a doble hierro. Algunos toros de Begoña no tuvieron un muletazo, aunque el buen sexto de la tarde maquilló el naufragio de la tarde. En cuanto a Mimiahuapam, que no lidiaba en México desde 1997 a consecuencia de viejas rencillas empresariales, poco se puede decir, pues solo lidió un toro además del regalo. Vale la pena preguntarse si esa es una reaparición de categoría para un hierro emblemático.
Los toros del patrón, que exhibieron divisas negras en señal de duelo, por lo menos tuvieron la cualidad de estar correctamente presentados. Al siguiente día, Alejandro Martínez Vertiz dijo a todos los competidores quítense que ahí les voy, pues su corrida de La Estancia además de descastada, floja y enternecedora de verla tratando de sostenerse en pie en el ruedo, estaba pésimamente presentada y hasta sospechosa de pitones. El torito de la ilusión, el torito de entra y sal es cosa el pasado. Lo de hoy son toros parados frente a los que los autonombrados primeras figuras puedan hacer ademanes y aspavientos sin ton ni son.

¿Hacia dónde va nuestra Fiesta?
Así fue la corrida del domingo, en la que México tragó con todo lo que le dieron. Fue muy distinta la actitud de los asistentes al segundo festejo comparados con los del sábado, que apretaron dado lo que se les ofreció. Un día después la afición fue complaciente. Un Joselito Adame que ya perdió la proporción de la importancia de la Plaza México frente al resto de los pueblos donde consuma sus hazañas, ofreció tremenda exhibición de desplantes mal impostados, con apenas algunas protestas del tendido de sol. Cortó una oreja que recibió con la plaza en silencio.
Quizás la instrucción era que Roca Rey triunfara a toda costa. De ahí que la autoridad mostrara sendos pañuelos precipitadamente, concediendo unas orejas de nula fuerza, y cuyas repercusiones serán nulas de cara a su temporada europea, si no es que contraproducentes. Una breve tanda de naturales fue por mucho lo mejor de su actuación y de toda la tarde. La confirmación de Héctor Gutiérrez quedó apenas para la estadística y el anecdotario.
El día anterior la Plaza México se cabreó seriamente con El Juli y le abroncó durante la lidia del cuarto. Julián es víctima de las condiciones que él mismo ha promovido durante décadas. Después se resarció con el artificioso torito de regalo, al que le instrumentó una faena cargada de virtudes técnicas, pero afectada por sus consabidas formas. El Payo tuvo una actuación francamente gris.
Ya había aflojado el criterio la autoridad concediendo una oreja que no pidió nadie y protestaron todos para cuando toreó Miguel Aguilar. Con el único toro de la noche que podría preciarse de buen juego, estuvo decidido y presto a triunfar. Aprovechó la oportunidad haciendo un toreo que caló en el ánimo de los malhumorados aficionados a pesar de un cierto acartonamiento del mismo, hecho muy de frente sin mucha capacidad de reponerse y ligar. Mató de un estoconazo y cortó dos orejas acordes con el criterio que se autoimpuso el juez Enrique Braun. Los arrastres lentos hace mucho tiempo que son de vacilada en esta plaza.
Lo único rescatable del fin de semana ocurrió el viernes en la noche, en la novillada. La presentación de Nuñez del Olmo fue de otro matiz, pues hubo bravura. Sobre todo, el primero de la tarde fue encastado, emotivo, y exigía una muleta que le pudiera. Los que hicieron tercero y cuarto tenían bellas láminas con sus pintas berrendas en colorado, y también buen juego, sobre todo el que tocó en suerte a Arturo Gilio. La autoridad, a diferencia de en las corridas, se puso en su lugar negando un indulto que pedía a voz en cuello la extraviada afición enferma de indultitis durante la lidia del sexto. Tampoco concedió el rabo para el lagunero, que hubiese sido desmedido y hubiera roto una racha de casi 35 años sin que un novillero tumbe los máximos trofeos.
Esta semana ya no hubo casino de fantasía, sino experiencia de feria tradicional mexicana, con canicas, dardos, y demás. Sí, está lindo, está acogedor para cierto público, está padre. Pero seguimos pasando de la experiencia de fantasía a la corrida de pesadilla. De pesadilla el estado de los tendidos, llenos de piedras y pedazos de concreto, el sonido local, la iluminación a medias y la reventa descontrolada. No se aprovechan los elementos diferenciadores de la fiesta de toros como producto, ni de México en la fiesta de toros, que son cosas distintas. Es un poco inexplicable esta tendencia de enfatizar la promoción de lo ordinario para vender un espectáculo que debería ser extraordinario.
Mientras tanto, la fiesta de toros naufraga entre inventos y artificios. Sigue fracasando con peculiar dureza en las fechas importantes, mientras sus participantes y promotores nadan en el vaso medio lleno de las orejitas, las salidas a hombros, y los toritos de regalo. De fantasía son estos triunfos artificiales que más de uno usará para tapar el sol con un dedo. De pesadilla, lo que está pasando con la fiesta de toros en nuestra plaza, nuestra querida y amada plaza...
Galerías en #LaSuerteSuprema
.jpg)
