Por Jean-Charles Olvera - Francia
Tal día como hoy hace ya 30 años, nos caía la más triste noticia de la historia de la tauromaquia contemporánea francesa; el torero galo Nimeño II decidía quitarse la vida. Lo hizo tras un largo día frío y gris de un interminable otoño en su vida de torero.
Christian Montcouquiol (Espira, Alemania, 10/03/1954 / Caveirac, Francia, 25/11/1991) era el hombre. Nimeño II (debut público en el coso de Tarascón, 30/03/1967 / alternativa en Nîmes el 28/05/1977 y última corrida en el coliseo vecino de Arles el 10/09/1989) era el torero.
Acabó el toreo tras una seca voltereta que le propinó el impresionante playero que era Pañolero (Miura), dejándole tetrapléjico. Su increíble hazaña de obtener la movilidad de sus piernas y de su brazo derecho tras meses de rehabilitación, provocarían la admiración de miles de personas afines o no al mundo taurino.
Su brazo izquierdo aun paralizado a los dos años de su percance le condenó moralmente a una condición incompatible para él, como matador de toros que seguía siendo en su mente. Su decisión, por muy penosa que sea, fue aceptada por la afición francesa, que le consagró por lo que siempre fue, el más carismático de los matadores franceses que pudimos conocer.
Torero completo en los tres tercios, curtido en miles batallas con las ganaderías más duras del campo bravo europeo, se ganó el máximo respeto de las aficiones que le vieron, tanto en Francia como en España (Pamplona, Barcelona y 1ª puerta grande francesa en Las Ventas como novillero el 08/05/1977, previo a la San Isidro), México, Colombia, Venezuela, Perú o Ecuador, siendo el primer torero francés en triunfar regularmente en España aunque a veces fuese con trabas.
De habla discreta pero segura, atraía la luz cuando discurría apasionadamente de toreo, de toros o de sus otras pasiones que fueron el mundo de la guitarra, el mítico y fascinante vecino país que era España y esa lejana tierra azteca que era su México lindo y querido que le dio tantas esperanzas en su objetivo de consagración taurina.
Con su peculiar personalidad y esa perpetua sonrisa dando vueltas al ruedo tras épicos combates a piel de gallina con toros de Guardiola, Victorino, Fraile, Palha, Yonnet, Martínez Elizondo o Miura, el Nimeño II embarcó por sí solo a centenares de franceses en este extraño mundo de los toros.
Era en la década de los 80, cuando el toreo era mediáticamente más respetado en Francia y sinónimo de culto. Toda una generación surgiría entonces con Nimeño II, que consolidó una afición que persigue actualmente en las Galias.
De Nimeño II, apenas entonces el 8º matador en la cronología de los toreros franceses de alternativa (ahora son 70), surgieron muchos otros toreros galos de su generación a los cuales abrió paso, que fueron los Richard Milian, Paquito Leal, Stéphane Fernández-Meca, Denis Loré entre los más conocidos y un poco más tarde los Luisito, Juan Bautista, Sebastián Castella o Julien Lescarret.
Me enorgullezco, como aficionado, ser de esa misma “generación Nimeño II” y de poder honrar con estas simples frases la memoria del que fuese y aún es el más grande de nuestros matadores franceses. Eterno Nimeño II.
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