Por Jorge Eduardo - México
Aunque se disfrazaron de abolengo, marrones se quedaron. El inocente público tragó infumable mansada.
Y es que el hierro de San Diego de los Padres, rescatado de las catacumbas del recuerdo como para maquillar que en semanas consecutivas vendrán encierros de la misma procedencia, no hizo magia. Si bien los novillos se desplazaron, cosa que ya fue ganancia considerando el historial del hato de José Marrón, en general fueron muy malos, débiles y descastados.
Tampoco sobresalieron en cuanto a presentación. Salvo por el serio sexto, que no tuvo mácula, quizás pudieran rescatarse al tercero por bonito, y al quinto por voluminoso. En resúmen vimos una novillada dispareja, fea, y chica. Veremos en ocho días nuestra doble ración.
La mejor noticia de la tarde fue la entrada, seguramente la mejor registrada en una novillada por lo menos en una década. Al cónclave lo compuso una masa naive de nuevos en esta plaza, o por lo menos de aficionados de cuño reciente. Muchos de los asistentes desconocían a qué parte de la plaza los dirigía su entrada, a pesar de que el control de acceso a las localidades fue muy laxo.
¡Y bienvenidos sean! Por supuesto que la intervención del público en el festejo no fue la más acertada, ni la más digna de una plaza de primera categoría. Más de uno pudiera argumentar que no es novedad, pero la diferencia radicó en que convivimos con un público inocente, casi provinciano, deseoso de ver a toros y toreros, y sin el filo habitual de la antisolemne afición capitalina.
A este público nuevo hace falta corresponderle con un espectáculo de primera, que poco a poco les inspire a formalizar su afición taurina. Que los enganche, que les obligue a regresar como a los que no la pasamos bien si no vamos a los toros. Eso implica otro nivel de criterio y exigencia. Pero si la intención es instituir estas pachangas, habrá que hacer esfuerzos sobrehumanos para encontrar más y más gente que le interese ir dos o tres veces a un espectáculo y no volver más después de aburrirse.
Ah sí, la novillada. Miguel Aguilar tuvo una labor desaseada con el abreplaza, un novillo deslucido y soso, pero con dificultades porque tiraba cabezazos. Mató de gran estocada, y la autoridad comenzó su propio show otorgando una oreja apenas solicitada en los tendidos. Con el cuarto, fuertemente protestado, vimos a la sombra del novillero que cuajó al toro del Conde de Mayalde en Villaseca de la Sagra. Un rato jugueteó Miguel con un inválido, corriendo la mano con calidad, pero echando mano de desplantes sin sentido.
Eduardo Neyraes un torero de buen corte y mucho valor. Con el segundo pudo gustarse y cuajar buenos naturales mientras sostenía en pie a una debilísima res que tuvo la facultad de medio bajar la cabeza al embestir. La faena al quinto fue de un tenor parecido, aunque recurriendo más a los alardes de valor en forma de rodillazos, manoletinas y demás, que a poco saben cuándo el animalillo rueda por los suelos al otro lado. Otra oreja cortesía de la manga ancha del señor juez Enrique Braun.

Alejandro Adame en gran derechazo
Alejandro Adame sin duda levantará polémica. Ese emergente gallito, y entiéndase el diminutivo por su liviana figura, se eriza y muestra sus espolones a la menor provocación. De casta le viene al galgo, y las virtudes de su hermano mayor se asoman en él. Pero también salen a relucir los vicios que le han acarreado acres censuras al mayor de los Adame.
En primer lugar, los alardes de cara a la galería son notorios. Los desaforados gritos pelados con los que acompaña sus muletazos son un truco bien conocido. Aunque no lo hizo, el zapatillazo completa la fórmula, que no deja lugar a duda de que se está viendo a un torero del montón. Jugarse la vida con toda seriedad y solemnidad, que no está peleada con la alegría, es un buen síntoma de que quizás estemos frente a un torero importante. Tendrá que decidir el joven Adame de qué lado quiere estar, porque el camino de las mañas no tiene retorno.
El tercero fue un astado dócil y bonancible que se quedó estupefacto cuando tuvo al novillero a su merced tras una desafortunada caída. Lo mejor fue un derechazo tremendo que todavía no termina. El sexto fue otra historia, un bicho lleno de sentido que hizo presa de un novillero que jugó la carta de la exposición. Más que reconocerle, el público que ya para entonces parecía de chonada, entró en éxtasis coreando hasta los pequeños muletazos con los que el novillero se acomodaba.
Mató de muy buena estocada, y el juez redondeó su lastimera actuación entregando una oreja que nadie peló. Hasta después de la vuelta al ruedo asomó un alguacilillo con el trofeo. Pena penita pena.
Hay que cuidar al nuevo público que llega. El servicio de taquillas es pésimo, con ventanillas cerradas y muchos problemas para despachar los boletos. Colas enormes amenizadas por los gritos de los cinco antitaurinos adueñados del ambiente fuera de la plaza, qué exitante. El estado de la plaza es muy malo, el segundo tendido de sol materialmente se está desmoronando, y general debe estar igual o peor. El sonido local expele unas recomendaciones sanitarias perfectamente inaudibles, igual que los cambios de tercio o los avisos.
La novillada se transmitió por televisión abierta en una señal digital prácticamente escondida que, según leo, costó mucho trabajo encontrar. Quizás la empresa debiera difundir un instructivo de cómo configurar el aparato y sintonizar el 6.3 de Multimedios.
En fin, se han tomado buenas medidas, acciones frescas que han llamado a un nuevo público. Hay que darles seriedad para convencerles de que quieren estar en los toros.
Galería de fotos en #LaSuerteSuprema: https://lasuertesuprema.art.blog/2021/11/15/tarde-de-frescura-y-la-seriedad/
Visita a Montecristo con Tauromaquia Mexicana: https://lasuertesuprema.art.blog/2021/11/14/sabrosa-tarde-de-campo-en-montecristo/
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