Por Jean-Charles Olvera - Francia
Morenito de Aranda, Daniel Luque y Rafael Serna, este fue el cartel de toreros de la tarde. Un cartel de matadores, del gusto de los aficionados galos.
Esta terna pisó la arena de Bayona en la corrida clausura de la feria del Atlántico que también era la de la temporada de la plaza vasca francesa.
Y no defraudó dicha terna, al contrario del lote de Velloniso, que si no fuese por las cualidades técnicas de estos tres toreros, se hubiera nuevamente hundido en la mediocridad y nosotros con ella. Menos peores salieron los seis ejemplares de Bayona que durante la moruchada del pasado San Isidro cuando sustituyeron in extremis a los del Parralejo, fracasando estrepitosamente.
Esta vez tuvieron un mínimo de movilidad, pero al estilo moribundo o zombie (menos el sexto), abantos de salida, manseando durante la lidia y buscando la salida. Sabíamos que no íbamos a encontrar ni genio ni casta, de ahí la pregunta a los organizadores de la feria del por qué escoger un lote de esta desrazada ganadería tras su nefasto pasaje en San Isidro. Incomprensible, a menos que este lote dispar fuese vendido con un descuento especial.
Los diestros por lo menos destacaron en su labor. En particular Morenito de Aranda (sendas vueltas en sus toros) al que abría plaza y que parecía imposible de lidiar, yendo el Vellosino hacia los toriles tal un imán. Batalló el arandino durante los cinco primeros minutos hasta conseguir interesar al toro poniéndole sin parar la muleta en el hocico. Fueron entonces otros cinco minutos, pero de una nueva faena de parar, mandar, hasta finalmente templar. Otra lección en Francia de Morenito. Lástima de malograr con la espada. Dio una vuelta con alguna división, bastante injusta, de los que callaron el viernes tras la oreja del metisaca bajo de Roca Rey.

Morenito con la diestra. Foto: Matthieu Saubion
Gustó al cuarto, pero con una faena de enfermero con un toro sin transmisión que mató de bajonazo. Resistió el palco, por fin, dirigido por Pierre Betat, tras petición minoritaria.
También Daniel Luque tuvo que lidiar otros dos toros sosos, con el segundo que apenas embestía en una larga faena y un quinto que la técnica y estética del hispalense nos hizo pasar por noble, sacándonos del aburrimiento. Le cortó dos orejas (la segunda exagerada, pero la petición era fuerte), saliendo nuevamente a hombros de una plaza del suroeste, confirmando su liderazgo en el corazón de la afición gala.
El otro sevillano, el bético Rafael Serna, estuvo a la altura de sus dos alternantes, con una última faena que terminó por cercanías, toreando en redondo. Cortó una pelusa, salvando él también una corrida que sin esa terna hubiera sido un nuevo fracaso.
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