Por Lázaro Echegaray - España
Muy exigente la corrida de Ana Romero en Azpeitia.
Encierro para valientes y para toreros con capacidad para corridas exigentes. Esa ha sido la principal característica de la corrida, su exigencia. Bien presentados, bonitos de láminas, adecuadamente armados, los últimos un poco más cornalones, codiciosos, sobre todo encastados, el tipo de toro al que nos tiene acostumbrados esta ganadería. La primera mitad embestía sin humillar, con la cara a media altura, pero con codicia y recorrido, bastante complicados. La segunda mitad del encierro no perdió la complicación, pero metía la cara lo que podría haber facilitado las cosas a la terna. El cuarto y el quinto recibieron grandes ovaciones en el arrastre, el sexto la recibió en menor medida. La corrida entera tuvo emoción.
De gran nota fue el cuarto de la tarde que cayó en manos de Colombo al correr turno con Morenito de Aranda. El venezolano quiso lucir un toreo efectista, lleno de guiños a la galería, sobre todo en el tercio de banderillas. Con la muleta, se vio desarmado en ocasiones, le dio distancia, que el toro la pedía, costaba sujetarlo, pararlo, y al final la lidia se desarrolló sobre las piernas. Dejó Colombo una estocada que poco a poco fue saliendo de su sitio y terminó la faena con un descabello.

Morenito sin chaquetilla toreó su segundo toro. Foto: Cultoro.es
Lo mejor de la tarde estuvo en la lidia al que fue quinto de la tarde que correspondió al veterano Morenito de Aranda. La veteranía es un grado, y eso se notó. Morenito había pasado por la enfermería tras recibir al primero de su lote a portagayola. Dos costillas rotas, según nos cuentan. De ahí que se corriera turno y Colombo matara el cuarto. En esas condiciones abrió Morenito la faena dándole capote al toro a los medios, brilló luego el animal en el tercio de banderillas con galope boyante y persiguiendo hasta el final. Ya con la muleta, el de Aranda logró naturales de gran belleza y empaque. El toro no era nada fácil, Morenito andaba apurado, pero cuando tras probar y tocar y perderle algunos pasos le cogía el aire, brotaban esos naturales tan exquisitos que subieron hasta lo más alto de los tendidos. Hubo gusto y torería en esos lances. La faena mereció la única oreja que se cortó en la tarde.
Ismael Martín estuvo digno. Se le nota, cómo no, que no torea mucho; es el gran mal de la fiesta en la actualidad, la cantidad de toreros que apenas tienen oportunidades mientras otros copan los carteles de todas las ferias. Agradó al respetable con las banderillas y con carreras atrás en la cara del toro. Encontró un toro complicado pero válido, el sexto y lo falló con la espada.
Termina así otro interesantísimo ciclo ignaciano en Azpeitia. Completo y exitoso tanto en el capítulo ganadero como en el artístico.
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