Por Jorge Eduardo - México
Nueva decepción, esta vez de Rancho Seco, que había levantado expectación.
Entraron más de tres cuartos de aforo en mediodía agradable, aunque nublado y con algunas rachas de viento. Saltaron al albero del coqueto coso de Santiago Cuautlalpan seis toros de la mencionada dehesa tlaxcalteca, desiguales de presentación, entre los que destacaron primero, segundo y quinto. Por debajo quedaron cuarto y sexto, mientras que el tercero dio la nota negativa por su escasa presencia.
Cabe destacar que, en cuanto a tipo, los que hicieron primero y quinto recordaron más al Rancho Seco de toda la vida, con su estirpe tlaxcalteca. El resto del encierro mostraba ya el sello Santa Coloma que la familia Hernández incorporó a su ganadería.
Por lo que respecta al juego, únicamente el sexto se dejó por el lado izquierdo con calidad y buen son. En materia de bravura, el abreplaza ofreció algo más de emoción a pesar de su debilidad. Los otros cuatro toros fueron mansos en distinta proporción, sin recorrido y que tarde o temprano volvieron contrarios. Particularmente, el segundo de la tarde no le permitió a su matador más que montar el estoque.
Toda la palabrería anterior se podría condensar en una palabra: decepción.
Había ganas de ver a los ranchosecos, que recientemente triunfaron en la Plaza México. Sin embargo, da la impresión de que, por babor o por estribor, ninguna ganadería termina de presentar una corrida capaz de emocionar a la afición mexicana, hoy refugiada en Cinco Villas. Es urgente elevar el listón ganadero, por el bien de la fiesta brava y para dotar de mayor categoría y trascendencia a lo que sucede en ese coso.
El principal reclamo taquillero era Manuel Escribano, quien reapareció ante la afición mexicana diez años después de confirmar su alternativa. No fue lo que se dice una actuación memorable. De entrada, llamaron la atención los feos gestos dirigidos al juez de plaza cuando este lo obligó a desmonterarse para cambiar el primer tercio. Ni modo; así se acostumbra aquí.

Escribano frente a la afición mexicana
Invitó a sus alternantes a poner las banderillas, dando inicio a una monótona rutina de tercios deslucidos. Sus dos toros pasaron con cuatro pares de banderillas.
El cárdeno abreplaza fue el de más sentido en la embestida. Escribano pretendió imponerse toreando por bajo, pero el toro se cayó al primer doblón. En adelante, hubo poco más que un intento voluntarioso.
Con el cuarto, lució mejor en solitario con los palos. Con la muleta, se acomodó en pasajes por el pitón derecho, en los que logró llegar al tendido a pesar del escaso recorrido de la res. Al tirarse a matar, dejó un espadazo muy tendido que hizo doblar al toro y provocó la petición mayoritaria. Tal vez con esto en consideración, tal vez como represalia por los desplantes a lo largo de la tarde, el juez se guardó el pañuelo. Controversia servida a la mesa.
Luis David fue el perjudicado en el sorteo, pues pasó prácticamente de noche en el festejo. Eso sí, primero se unió a la afrenta de Escribano, al negarse a ir hasta debajo del palco para pedir permiso a la autoridad al tomar los trastos para lidiar al segundo de la tarde. Después de la pataleta, debió tirarse a los blandos para quitarse de enfrente al amorcillado animal.
De la lidia del quinto destacó el recibo a la verónica, pero poco pudo hacer a consecuencia de lo deslucido de las acometidas del toro, con lo que se selló una tarde sin pena ni gloria. Las cuadrillas firmaron un buen segundo tercio con esta res.
Leo Valadez tuvo, quizás, la actuación más destacada de la terna. No lo fue particularmente por su actuación con el muy anovillado tercero, con el que tanto toro como torero estuvieron anodinos en un capítulo sin sentido dentro del festejo.
En el último tercio de la corrida, Valadez se halló por el lado izquierdo para correr la mano muy sabroso, en trazos largos estupendamente rematados detrás de la cadera, que fueron los momentos de mayor intensidad de la tarde. La faena caminaba por ese rumbo de ligazón, de grandeza, de cante, de temple, de profundidad, de obra sólida…
…hasta que se cruzaron por la cabeza del torero las malditas dosantinas, tan sobadas como irrelevantes e innecesarias.
Si bien se echó en falta un poquito de ajuste en toda la faena, al hacer el circular invertido la cosa se vuelve francamente notoria, y tan solo es reseñable el momento estético al componer la figura luego de cambiar de mano por delante. Erró con la espada y escuchó una cálida ovación tras dos avisos.
Sigue haciendo falta un palo ganadero en la temporada de Cinco Villas. Si se establece en la afición la idea de que las corridas en Cinco Villas no caminan, que son chicas o cualquier otro prejuicio, las entradas podrían comenzar a menguar. No es lo que deseamos. Por el contrario, ojalá que la plaza de la familia Marco se consolide como el escaparate taurino por excelencia, especialmente a la vista del momento crítico que atraviesa la fiesta en México.
Próximos carteles más o menos en la zona centro del país:
12 de julio, 16:30 en San Pedro Xalostoc: Marrón para Emiliano Gamero, El Payo y Diego San Román. 18 de julio a las 15 horas en Altzayanca, Tlaxcala: El Vergel y Salitrillo para Juan Pablo Sánchez, Gerardo Rivera y Sebastián Ibelles. 19 y 20 de julio en Caxuxí: Mimiahuapam para Gamero, Luis David y Diego San Román; al día siguiente: Xajay para El Zapata, Antonio Ferrera y Francisco Martínez. Antes, el día 16, festival con novillos de Saúl Rodríguez para Guillermo Gallegos, El Dandy, Marco Juárez, Santiago Martín, Riverita y Gabriel Gómez. 22 de julio en Xico, Veracruz: Real de Saltillo para Gamero, Diego San Román e Isaac Fonseca…
…¿Será que habrá toros en Santa Clara Coatitla?... Si sí, allá nos veremos…
Galería de fotos en #LaSuerteSuprema: https://lasuertesuprema.art.blog/2026/06/30/el-renglon-ganadero-no-levanta-en-cinco-villas/
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