Por J.L. García Losada - España
Gran tarde de toros la vivida hoy en Las Ventas.
Los toros de Adolfo no defraudaron y en sus distintas vertientes, encastados, tobilleros, bravos en el caballo y el cuarto de calidad, con las dificultades que siempre ofrece este encaste de Albaserrada.
Antonio Ferrera ha ofrecido una tarde histórica, diferente, impregnada de locura, y que bendita locura, porque el toreo también es locura. Con el cuarto de nombre Mentiroso nos dejó su verdad, su torería y mostró todo lo que muchos no veían de un astado noble pero que pedía mucha firmeza y sitio. Le aplicó un toreo preciosista y el final por naturales, tanto por izquierda como por derecha, pusieron al público en pie, mató desde muy lejos y a recibir en el segundo encuentro que le valió la oreja.
Le tocó matar el sexto por la cogida de su compañero Ureña y aquí ya destapó el tarro de las esencias, hizo la lidia completa y en un arrebato se subió al caballo de picar y le aplicó dos puyazos en lo alto, no quiso cambiar el tercio el usía de apellido Fernández por lo que recibió una sonora pitada. La faena de muleta se la brindó al compañero herido y quiso rendirle homenaje de la mejor forma que es toreando de verdad ante un toro fiero que pedía el carnet en cada pase. De nuevo mostró esas formas tan suyas llenas de pasión y arrebato que hacen de él un torero muy diferente, el final de nuevo fue de apoteosis, volvió a ejecutar la suerte de recibir tomando distancia y tras la estocada y un descabello el flamear de pañuelos fue de época, otra oreja que le valía esa puerta grande soñada.
Hoy la fiesta ha vivido uno de esos momentos gloriosos que se tardarán en olvidar, aunque habrá, y con su razón, quien piense que se han transgredido ciertas normas.
Manuel Escribano se mostró muy valiente ante su primero que fue muy castigado en los primeros tercios y se vino abajo en la muleta con el correoso quinto al que banderilleó con mucho arrojo. Tuvo un buen comienzo en su faena de muleta pero muy pronto sacó a relucir las dificultades quedándose muy corto y sin opciones de lucimiento.
Ureña dejó como siempre su impronta de valentía y también para su desgracia su sangre en el albero madrileño. Recibió una cornada grave y aún se mantuvo en el ruedo para terminar su faena y matarlo con decencia, se fue por su propio pie en medio de una cerrada ovación.
Emoción, cuando hay toros, mucha emoción la vivida hoy en Madrid. Esto es lo que necesita nuestra querida Fiesta.
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