…y la fiesta está en inanición mientras la ciudad naufraga. Algunos carteles por aquí y por allá.
Aunque la situación taurina ya era crítica. Qué mejor ejemplo que el festejo del 9 de marzo del 2025, en el que la plaza más importante de la América taurina vio una pachanga de luces indigna de su categoría, de su abolengo, de su historia y de su afición. Quienes venían organizando los festejos en la Monumental echaron mano del artificio del cartel femenil, que ni siquiera integra a las mujeres toreras a la competencia con sus pares del escalafón, sino que las segrega.
Sepa la corte celestial qué criterios que gestaron este cartel. Una novillera a caballo, una matadora hispana semi-anónima y Paola San Román, la única con presencia en el escalafón. El resultado, sobresalientes tirándose a matar, avisos, y una más a la lista de funciones anodinas que perjudicaron al ánimo de los aficionados. Yo pondría en duda la buena fe detrás del montaje de este numerito. Ese fue el último festejo que vimos en la calle Augusto Rodín.
Luego del ajusticiamiento legislativo de la fiesta brava en la capital, el papel público de la empresa, supuestamente taurina, que sigue regentando el coso de Insurgentes ha sido desconcertante. No hay visos de solidaridad hacia la afición, ni siquiera para su propia conveniencia. Tampoco de resistencia efectiva o simbólica. Bueno, ya no digamos ni siquiera de inconformidad.
En el cierre anterior jugaron la carta de que la defensa jurídica requería hermetismo. Pero esta vez el golpe vino del poder legislativo, de la política pública, por lo que le queda poca credibilidad a esa justificación. Es fuerte señalar a la empresa de la Plaza México de indiferencia, oportunismo o hasta complicidad, pero quién sabe. Bien dicen que si camina como pato, nada como pato, grazna como pato y tiene alas de pato, pico de pato, cola de pato, patas de pato, plumas de pato, entonces…
Y en la otra esquina, la lamentable administración de Clara Brugada en el gobierno de la Ciudad. Tal como llegó a la jefatura delegacional de Iztapalapa en el 2009, la ínclita ocupante del extremo sur de la Plaza de la Constitución se encaramó en tal posición gracias al respaldo absoluto de López Obrador. Ni ganó la encuesta, ni hubo algún proceso medianamente democrático para darle la candidatura. Simplemente, el destapador escogió a la corcholata.
Las consecuencias han sido nefastas, pues todo este enjuague acarreó el empoderamiento del Partido Verde en el Congreso local. Si a nivel nacional merodea el Niño Verde, en chilangolandia el que rifa es el Hombrecillo Verde Jesús Sesma, otrora hazmerreír legislativo con su sempiterna propuesta de prohibir los toros. Luego de ser bateado una legislatura tras otra, le llegó su hora de capitalizar su servilismo hacia Omar García Harfush, el candidato ganador de la encuesta morenista pero perdedor en el mano a mano a dos caídas de tres contra el destapador tabasqueño.
El Hombrecillo Verde, como buen coprófago que es, se ha beneficiado del regadero de excremento resultante del pancracio entre el superpolicía y la cúpula morenista. Primero como presidente de la Junta de Coordinación Política y después encabezando la Mesa Directiva, la mayoría morenista ha permitido que este polizón irradie su grandeza desde tan sobresalientes puestos legislativos.

Nuestra comunidad, ignorada
Como si este panorama no fuera suficientemente cuesta arriba para nuestra tradición taurina, la ya mentada Clara dio tumbos desde el día uno. En vez de plantarse frente a la agenda frívola del Hombrecillo Verde y sus secuaces, se regodea en ella con singular alegría. De pronto, apareció por aquí y por allá la #CiudadAnimalista como uno de los ejes de su gobierno, mismo que no formó parte de su plataforma electoral. Es decir, nadie, absolutamente nadie votó por esto, como bien lo han señalado algunos colegas.
Con base en estos eslóganes bobos, Brugada ha dado rienda suelta a su desprecio por la cultura, por el tejido social y a su insensibilidad ante los problemas sociales que subyugan a esta ciudad. Mientras la capital se vuelve inhabitable ante el azote de la gentrificación, la prioridad de la agenda pública es gestionar la ciudad al gusto de la FIFA y su mundial de futbol, de manera que quede bien limpiecita del lumpen. Para aquellos incapaces de pagar más de 20 mil pesos [unos mil euros] de renta por un local o un departamento, siempre le queda la opción de ahuecar el ala hacia las zonas periféricas pauperizadas y hacinadas con todo y su negocito. De comprar un inmueble, jaja, ni soñando.
Mientras la presión aumenta y la bomba está cada vez más cerca de explotar, los particulares disfrutan las mieles de esta política pública. Los arrendatarios del embudo de Mixcoac han virado decididamente hacia los conciertos masivos, aprovechándose de la plusvalía de tener un foro de esas dimensiones en una ubicación preferente de la CDMX. Operar un venue —como se dice en correcto spanglish corporativo— en muy mal estado, deja una derrama monetaria mayor que la que dejaban los toros, además sin la monserga de fungir como promotor del evento y organizar todo, pagar por todo y, encima, exhibir el mucho o poco talento para hacerlo bien.
Lo que caracteriza a la gentrificación es, a final de cuentas, la pulverización del tejido social y el conjunto de relaciones económicas, sociales, culturales y políticas que configuraban al barrio, seguido del desplazamiento físico de quienes participaban de él. En el caso de la Plaza México, la comunidad que se formó en torno a los festejos taurinos, constituida por un público cautivo muy distinto al de los conciertos, comerciantes y artesanos especializados, cocineros y un largo etcétera, fue deliberadamente despreciada por los supuestos representantes populares del congreso local, algunos guiados por inocentes argumentos económicos. Tontos como ellos, mejor dicho.
Los vecinos tampoco están muy cómodos con la sustitución de una actividad vespertina dominical a la que estaban habituados desde hace ocho décadas, por conciertos ruidosos que requieren montaje de equipos, cierre de calles para su transporte, horarios nocturnos entre semana y ruido inclemente. En conclusión, el gobierno de la Ciudad de México articula y opera políticas gentrificadoras y excluyentes con el beneplácito del congreso local. Si lo hacen con buena fe, entonces su ignorancia los incapacita para el cargo que ocupan. Si lo hacen con conocimiento de causa, entonces estamos en manos de un régimen al servicio del capital que se hace pasar por izquierda.
Y si a los taurinos todo lo que huela a Clara Brugada nos parecerá fétido en las boletas del 2027, ni qué decir de los animalistas indignados por el escándalo del Refugio Franciscano.
Todo esto perdió la Ciudad de México con esta decisión estúpida… Aunque, taurinamente, considerando que no se realizaron unos 30 festejos, igual y no nos perdimos de mucho…
Carteles, hay carteles…
Texcoco. 28 de marzo: Vistahermosa para El Calita, Arturo Gilio y Bruno Aloi. 4 de abril: San Pablo para “El Payo”, Héctor Gutiérrez y Eduardo Neyra. 11 de abril: El Batán para Juan Pablo Sánchez, Sergio Flores e Isaac Fonseca.
Apan, Hidalgo. 3 de abril: Torreón de Cañas para Francisco Martínez y Juan Pedro Llaguno.
Tlaxcala: 4 de abril: La Antigua para Antonio Ferrera, Román, Luis David y Jesús Sosa.
Atltzayanca, Tlaxcala. 5 de abril: Pie de Casas para Gerardo Sánchez, Alan Corona, Sebastián Ibelles y José Sainz.
Cinco Villas, Edo. de México. 25 de abril: Boquilla del Carmen para Emilio de Justo, Diego Silveti y Diego San Román.
Entrada en #LaSuerteSuprema: https://lasuertesuprema.art.blog/2026/03/27/ya-un-ano-del-cierre-de-la-plaza-mexico/
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