Por Néstor A. Giraldo - Colombia
Con la dulcificación de la casta en las ganaderías, se ha llevado a que estas ofrezcan la mansedumbre manifiesta en sus productos.
La noche de este 29 de diciembre sucedió con los novillos de Juan Bernardo Caicedo que, uno a uno, fueron saliendo sin ofrecer bravura alguna.
La cátedra dictada por el maestro César Rincón quedará marcada para siempre en la mente de los aficionados que disfrutaron viendo la sabiduría de un hombre serio, maduro y conocedor de las condiciones de los toros. La paciencia, las distancias, la colocación y el sitio que le dio el maestro a sus dos mansos fueron fundamentales para irlos enseñando a embestir y convencerlos de que lo se les ponía por delante no les iba a hacer ningún daño. El hipnoterapeuta Rincón utilizó esa técnica para superar los problemas específicos de mansedumbre de sus dos oponentes logrando que poco a poco se fueran entregando en su muleta prodigando series muy templadas con muleta planchada. La suerte suprema no lo acompañó y al final paseó un trofeo en el primero siendo ovacionado en el cuarto.
Sebastián Castella, torero de Beziers, también armado de paciencia y conocimiento cortó las dos orejas del desmirriado y manso segundo mientras que el salmantino Marco Pérez cortó apéndice en cada uno de sus astados exhibiendo técnica, recursos y variedad en las suertes tanto de capa como de muleta.
Foto: Cortesía de Diego Alais
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