Por Jean-Charles Olvera - España
Esta tarde se lidió una corrida completa e íntegra de Saltillo. Una de esas que atraen al aficionado y que provoca sudores a los que pisan el ruedo, a pie o a caballo
Seria, astifina, imponente, con toros boca cerrada, que empujaron en varas, que tuvieron movilidad (los dos últimos), que se resistían en caer, que se levantaban aún con una espada entera, como si nada, pegando arreones y poniendo en apuros a media docena de toreros de oro y de plata. Pocos se libraron de la batalla. Ningún picador supo manejar la vara con dignidad, sino todo lo contrario, con un tendido a punto de estallar. Los únicos que se libraron fueron los subalternos Iván y Juan Carlos García.
Los Saltillos fueron como jueces dictando sentencia de manera implacable. O te condenan o sales absuelto. Y Las Ventas se transformó en una fiscalía, dividida, cuyos fiscales, más acérrimos, atacan con lupa y pluma para salvaguardar la defensa del interés del aficionado. O eso creen. Esta tarde, la ley de los Saltillos y de Las Ventas, fue dura y a veces cruda, pero como dice el mismo aforismo latino del “dura lex, sed lex”, esa “ley es dura, pero es la ley”.
Tan dura como que fue un vía crucis para un Javier Castaño que reaparecía tras tres temporadas sin pisar este ruedo. Sí, por lo menos Las Ventas tuvo sensibilidad, sacando al diestro al tercio tras una ovación que siguió al paseíllo, los Saltillos no le perdonaron nada en su anunciada última temporada. Esta tarde, Castaño fue la sombra de lo que fue antaño. Una pena.
Tampoco tuvieron piedad esos Saltillos y Las Ventas con otro torero de la tarde, Cristóbal Reyes, que confirmó con más pena que gloria. Poco importaba que este torero solo había toreado una única corrida la temporada pasada, doblando en apenas 24 horas ese balance tras lidiar también el desafío Cuadri/Prieto de la Cal en San Agustín del Guadalix el día anterior.
Esa misma corrida la lidió también el último acartelado, el toledano Luis Gerpe, que lucha en las corridas toristas francesas para demostrar su valor.
Y fue justamente la actuación de Luis Gerpe al quinto de la tarde, ‘Presidiario I’, que provocó el estallido y la división de opiniones. Para unos, Gerpe fue el héroe de la tarde, pero para otros fue el villano que dejó escapar un encastado y bravo toro, que se convirtió en el mejor de este inicio de temporada venteña. El toledano fue acusado de no tener mando ni poder, siendo desbordado hasta caer dramáticamente bajo el toro, que le perdonó. Una actuación que se salvó con la serie por la diestra que siguió ese revolcón, y que fue sin duda lo mejor de la tarde. Por fin veíamos a un Luis Gerpe enrabietado, que nos hubiera gustado ver así durante toda la tarde. Su vuelta, contestada, fue muy dividida por no haber respetado las sentencias de los Saltillos y de Las Ventas.
En este fotograma vemos la cercanía del pitón en la cabeza de Gerpe
Pero sería un error condenar a Luis Gerpe. A este torero, de cierta elegancia, que no duda en enfrentarse a lo más fiero de la cabaña brava, se le adivinan unos gestos y una torería que bien podrían valerle para librarse alguna tarde de ser perseguido como lo fue hoy por este tribunal compuesto por estos Saltillos y parte de la afición de Las Ventas. Los mismos que recordaron, eso sí a todos, que la ley del Toro es dura, pero que es la Ley.
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