Por Jean-Charles Olvera - España
Una vuelta lenta, con sabor a triunfo, dio el novillero Miguel Andrades al finalizar la novillada. Para saborearla, sin lugar a duda.
Este jerezano, curtido en las plazas toristas francesas, vino a por todas, sin proclamarlo de antemano como muchos, que después se estrellan, pero actuando de verdad cuando se presentó frente a sus dos novillos.
Tiene valor, voluntad, coraje, ciencia de la lidia y sentido del espectáculo. Le faltará tal vez un pelín de técnica, pero está sobrado de emoción y transmite su pasión y sus ganas de comerse el mundo y el mundillo como pocas veces vimos en esta plaza.
Parecía estar solo en el medio del ruedo, sin importarle el peligro ni la multitud presente, y sin expresar un esbozo de miedo, aunque sus dos combates tuvieron tensión extrema. Fue volteado feamente en su primer novillo en un una serie de naturales y nuevamente al cierraplaza saliendo de su primer par. Un milagro que no tuviese otras consecuencias.
Estuvo completo capote en mano, con los palitroques y hasta presentando su muleta en series de empaque a ‘Giraldillo’, el único novillo ovacionado de la tarde. Más complicado y con peligro sordo fue el último al que pudo mandar en series con autoridad. Falló con los aceros, pero aun así tuvo que saludar al tercio al tercero y dar una clamorosa vuelta al último, una vuelta de esas que cuentan en una carrera.
El novillero vino discreto y se fue con los laureles. Tiene casi 30 otoños (los cumple en octubre) y es bajito. Nada que ver con los actuales novilleros, jovencitos, grandes y longilíneos, que poco cuentan y que son prototipos de una clase 2.0 que aburre.
Este tiene ansias, con cabeza y torería. En resúmen de cuentas, tiene personalidad, y le sobra más, que es lo que pedimos a los que se presentan en esta plaza. Y si la tiene es porque tiene vida y ganas reales de expresarse con esa manera única, entre drama y gloria, luz y sombra, vida y muerte. De eso también va justamente la tauromaquia, en la que esta tarde, y a su manera, mitificó este novillero andaluz.
El resto de la terna, Álvaro de Chinchón y Manuel Caballero, apenas pudieron presentar credenciales. Fueron eclipsados por el torbellino Andrades, pero también por ambos pésimos lotes de un envío de los Hermanos Sánchez Herrero (encaste Juan Pedro), y un sobrero 1 bis de Aurelio Hernando, con hechuras de toros, pero descastados.
Los únicos novillos que permitieron algo fueron los del lote del jerezano, pero subrayando que Miguel Andrades lo pudo con el mejor pero también con el peor de la tarde y siempre al límite entre drama y gloria. Y con esto, está todo dicho.
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