En estas fechas es obligado desearnos un Feliz Año Nuevo. En ese mensaje se concentran los buenos deseos para uno y para los demás.
Pues eso mismo es lo que quiero hacer ahora para con todos mis amigos lectores, para con todos los que forman el Planeta de los Toros y, por añadidura, para todos cuantos, de una forma u otra, son nuestros compatriotas y hermanos. A todos les deseo que el 2020 sea ese año que consolida su trabajo, que les acerca un poco más a cumplir sus deseos e ilusiones y que, como el mejor argumento, les haga más felices y capaces de dar felicidad a cuantos les rodean.
Y hablando de rodear, nada mejor que sentirse bien rodeado. No creo que haya nada mejor que sentirse querido y rodeado, y si es por niños mucho mejor.
Lo es en cualquier actividad y en el mundo del toro con mayor razón. Cada vez es más difícil que los jovencitos se acerquen al mundo taurino, a ese que precisamente nosotros amamos desde que éramos chicos. Por eso esta imagen vale más que mil palabras.
Ver a Diego Urdiales rodeado por ellos es una de las satisfacciones del año que se va. Ver en sus ojos la admiración que sienten por el maestro es un rayo de luz para que confiemos en que el mañana no carezca de aficionados. A muchos les ilusionaría llegar a vestirse de luces, pero no llegando a ello, se quedarán como aficionados.
Es de vital importancia que así suceda. Se hace muy cuesta arriba pensar que según van desapareciendo los viejos aficionados, puedan quedarse del todo vacías las plazas de toros.
Cerca también ya de la fecha de los Reyes Magos, no imaginamos que entre los pedidos de los infantes haya muchos capotes y muletas. Por eso, esa deberá ser nuestra más anhelada petición. Desde el mundo del toro: Dejar que los niños se acerquen a él.
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