Con esa frase mis hijos indicaban que ya iba a empezar la corrida. Le copiaron a Pepe Camacho que así se pronunció en el comienzo de un festival televisado.
Se referían a la salida de los alguacilillos, pero hoy me ha venido a la memoria por ser la primera tarde de rejones. No es peyorativo en absoluto su uso, ya que antes de los caballeros rejoneadores, salieron a la arena venteña los ‘caballitos’ de los alguacilillos como en cualquier otro festejo.
Lo que menos se le puede llamar a los caballos de los rejoneadores es caballitos en diminutivo. Son Caballos con mayúsculas y tan toreros como puedan serlo quienes los montan. Hoy hubo muchos con mayúsculas.
Volvía a Las Ventas, a San Isidro, Diego Ventura, convaleciente de las lesiones sufridas, fractura de cuatro metatarsianos del pie izquierdo, recientemente en la plaza portuguesa de Montijo. No ha permitido que le intervengan quirúrgicamente, precisamente, para no faltar a su cita isidril. Un gesto, sin duda, de quien ha sido el último que cortó un rabo en Las Ventas.
No se pueden quejar de los toros de la casa de El Capea, nobles y colaboradores y que pusieron en bandeja el triunfo a la terna internacional que hizo el paseíllo. Toros en conjunto que estaban criados para proporcionar triunfos mayores que los que se obtuvieron.
Esa falta de remate por parte de los actuantes dejó el resultado sin la apoteosis que suele acontecer en cada tarde de rejones en San Isidro, máxime con toreros a caballo de primer nivel.
Casi de manera uniforme los fallos y altibajos propiciaron una primera parte sin trofeos, como si quisieran dejar sus mejores actuaciones para la segunda mitad. Por los toros no iba a ser, fueron igual de colaboradores con ellos.
Al portugués Rui Fernandes le llegó su mejor momento, aplaudidísimo por el público, cuando dio dos piruetas seguidas con su caballo Mistral en el segundo de su lote. Un rejón trasero no fue óbice para que público y palco le pusieran en la mano la primera oreja de la tarde.

Diego Ventura en el par de banderillas a dos manos sin cabezada
Diego Ventura tuvo una actuación apasionada como siempre, en esta ocasión con las limitaciones de su pie lesionado, que a la postre le impidió bajarse del caballo a la hora de descabellar, lo que hizo a la tercera desde su cabalgadura. Antes hubo momentos de intensidad con el par a dos manos y, sobre todo, con Quitasueño, con el que puso la plaza en pie con dos quiebros en la misma cara del toro de mucha exposición. Mató de un rejón trasero y descabelló, como dijimos, desde el caballo. Oreja para el sevillano.
Lea Vicens no estuvo muy afortunada en muchos de los pasajes de sus actuaciones, pero en el último, expoleada por los triunfos de sus compañeros, recibió al toro en la puerta de chiqueros y puso más vibración en su quehacer. La oreja, demasiado generosa, cayó finalmente en sus manos tras de tener que ir a buscarla al desolladero por haber sido arrastrado el toro. Se compadeció el presidente fuera de hora y así la francesa pudo pasear el anillo con el apéndice y empatar con sus compañeros.
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